8 mitos sobre el Feminismo

Luna Salamero González

Di que eres feminista, según dónde, ahora quizás no tanto porque se ha visibilizado mucho el feminismo desde hace unos años, y te pondrán una cara de… ALÉJATE DE MI BRUJA.

A veces me muevo tanto en entornos feministas, que cuando salgo de ahí y sale un tema en un grupo de amigos o de familia extensa… me da en toda la cara la realidad. Y me doy cuenta de lo hondo que calan los mitos sobre el feminismo, la violencia de género, las violaciones, otras violencias machistas… Concretamente, en una de las últimas acaloradas conversaciones, se me ocurrió que podría ser interesante crear una lista de distintos post hablando de estos mitos.

Cuando empecé a auto-denominarme como feminista, todo el mundo me discutía absolutamente todo todito. Al principio me costaba mucho defender mis argumentos, aunque yo sabía que lo que me decían era falso. Después de leer y leer (abajo os dejo libros que os pueden ayudar) y de formarme y de meterme más y más en el feminismo, aprendí a encontrar los argumentos adecuados. Ahora los discuto tan a menudo, que ya sé me la contra-argumentación de memoria (incluso datos) para cada uno. Por suerte, los mitos son siempre los mismos, porque efectivamente, alguien que te quiera negar una lucha por la igualdad justa y necesaria, no tiene otros argumentos en contra que no sean argumentos falsos.

Con este tipo de post, espero que haya gente que cambie esos mitos y los aparte de su discurso, y además me gustaría dar herramientas para cuando vosotras, compañeras feministas, os encontréis ante ellos, que sepáis por dónde salir. Así que vamos poco a  poco, en este paso, voy a empezar hablando sobre algunos mitos relacionados con el movimiento feminista.

1. El feminismo es lo contrario al machismo.

Totalmente falso, el machismo es un conjunto de ideas y una forma de pensar que se sustenta en la creencia de la supremacía del hombre sobre la mujer. Es la ideología que sustenta el sistema patriarcal. Del machismo se derivan las violencias machistas (violencia de género, violencia sexual hacia las mujeres y niñas, violencia obstétrica…) y las diferentes opresiones hacia la mujer por el simple hecho de serlo. El feminismo no busca la supremacía de la mujer, sino que busca la igualdad de oportunidades entre ambos, independientemente de las diferencias entre individuos, ya sea por sexo/género o por otras razones arbitrarias.

Muchas personas aluden a que el término “feminismo” es confuso y que lleva a pensar que es lo contrario al machismo, y eso nos lleva al siguiente mito…

2. Ni feminismo ni machismo, igualdad. Yo creo en la igualdad, me declaro humanista.

Cuando hablas de feminismo hay algo que siempre preocupa muchísimo, y es el nombre. No los problemas que trata el feminismo, no la discriminación que sufrimos las mujeres, no. EL NOMBRE, EL MALDITO NOMBRE. Os voy a explicar que pasa con el nombre.

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Para empezar, si usásemos el término “igualitarismo” o “igualdad” o algo similar, estaríamos hablando de que queremos una igualdad sí, pero ¿qué tipo de igualdad? ¿sobre qué?, al no especificar, sería muy muy general. Sin embargo con el término “feminismo” sabemos que esa igualdad que queremos conseguir tiene que ver con las mujeres o con el sistema sexo-género. De esta forma se visibiliza la lucha específica de las mujeres en contra del sistema que permite su opresión, es decir, el patriarcado. Utilizando una palabra como “humanismo” pasaría lo mismo, además de que es un término que ya tiene otro significado.

Para seguir, el movimiento feminista no eligió su propio nombre. SORPRESA. Cuando en la segunda ola del feminismo europeo, las mujeres luchaban por el voto femenino y el movimiento sufragista, el periodista Alexandre Dumas hijo, para ridiculizar a estas mujeres las llamo “FEMINISTAS” y escribió en 1872 el texto “El hombre-mujer”, diciendo: “Las feministas, perdón por el neologismo, dicen: todo lo malo viene del hecho de que no se quiere reconocer que la mujer es igual al varón, que hay que darle la misma educación y los mismos derechos que al varón”.

Por lo tanto, “feminista” era una burla, sin embargo las “feministas” se apropiaron de ese nombre que estaba destinado a insultarlas. Como los gays se han apropiado del “marica” y “maricón”, o las lesbianas del “bollera”, o la Zowi del “puta”. Es decir, le dieron la vuelta al término, y si tu pretendes ridiculizar nuestra lucha insultándonos con esa palabra (que por aquel entonces no existía), pues nosotras nos vamos a llamar así a partir de ahora. Resumiendo, el feminista de entonces era lo que ahora es el feminazi, y ellas dijeron, pues pa nosotras, y sí, soy muy feminista. Y de ahí el nombre del movimiento.

3. El feminismo odia y oprime a los hombres.

Otra gran mentira, no, no y no. Es precisamente el feminismo el movimiento que más cree en los hombres. Es el feminismo quién denuncia que hay un sistema patriarcal que oprime a las mujeres, pero que también ejerce presión sobre los hombres. No en la misma medida, porque somos nosotras quienes estamos en riesgo de ser violadas, acosadas, asesinadas, denigradas; pero el machismo también tiene consecuencias negativas sobre los hombres.

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El feminismo niega que los hombres sean violentos por naturaleza, sino por aprendizaje emocional. Igual que niega que los tíos sean hormonas con patatas imposibles de controlar sus impulsos sexuales, y pone el foco en cómo se construye la sexualidad masculina. El feminismo legitimiza que un chico puede llorar, pueda mostrarse vulnerable, y pretende quitar esa presión de “cabeza de familia” y de represión emocional que lleva a muchos hombres a sacar todo a través de la violencia o de la rabia e ira.

El movimiento feminista propone abrir la palabra masculinidad, más allá de la que se enseña tradicionalmente a nivel social. Y por supuesto que los hombres tienen espacio en el movimiento feminista, claro que estamos dispuestas a explicar cosas y dialogar sobre feminismo con hombres. Claro que hay hombres feministas o aliados. Lo que no estamos dispuestas es a que en nuestra lucha, vosotros estéis en primera fila como estáis en todo en la vida, sino que nos cedáis espacios para que podamos hablar, y que vosotros escuchéis en vez de sentiros atacados, que nos escuchéis por una vez.

Así que querido aliado feminista, si estás leyendo esto, escucha a las mujeres de tu alrededor, pon en valor sus experiencias cuando te cuenten que han sufrido alguna violencia machista, escúchalas de verdad, intenta entenderlas antes de rebatir y empatiza, empatiza con la opresión que tu no vives día a día.

Una carta abierta a los hombres (feministas)

4. No, yo no soy machista porque tengo madre, hermanas y primas.

Este mito me da muchísima rabia, ¿por qué? porque las feministas estamos continuamente revisándonos, aceptando que hemos sido machistas, que seguimos teniendo comportamientos, pensamientos o comentarios machistas, estamos continuamente deconstruyéndonos. Y ahora, llega cualquier chico (generalmente) y dice que no, que él no es machista solo por tener madre.

Vamos a ver corazón mío, todos los asesinos machistas o violadores tienen madre, lógicamente, y son machistas. Todos somos machistas por nacer en una sociedad machista, y es a través del feminismo, del cuestionamiento continuo, de la deconstrucción, podemos salir de ahí y cambiar lo que nos han enseñado. Así que sí, el primer paso para salir del machismo es reconocer que somos machistas. No hay otra. Asúmelo.

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Además, claro que tienes mujeres a tu alrededor, somos la mitad de la población, pero eso no implica nada. Queremos respeto e igualdad por ser humanas, no porque seamos familiares tuyas. Yo puedo tener algo cerca y aun así no darle el valor ni el respeto que se merece.

5. No soy machista porque me he criado en un matriarcado

Si por matriarcado entiendes que en tu casa mandaba tu madre en cuanto a qué se comía cada día, a la decoración de la casa o a hacer la compra. Si te has criado en un matriarcado porque tu madre se ha hecho cargo de tu crianza y la de otrxs menores o mayores de la familia, mientras tu padre u otros hombres de la casa eran el sustento económico de la familia, bueno, pues no es un matriarcado. Que la mujer mande en casa no significa que se le permita hacerlo en otros espacios y como en el anterior, solo por tener mujeres a tu alrededor, no significa que eso sea un matriarcado.

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Un matriarcado real sería que las mujeres mandaran e impusieran su voluntad en tooooodos los aspectos de la vida, y no simplemente en “las cosas de casas”. Por lo tanto, no, no te has criado en un matriarcado. No te has criado en un matriarcado si te sentabas en las comidas familiares a hablar con el resto de hombres de tu familia mientras tus hermanas, primas, tías y madre preparaban la comida o recogían la mesa. No te has criado en un matriarcado si tu padre le cedía el poder a tu madre sobre cómo repartir el menú de la semana, pero luego no colaboraba de manera proporcional en las tareas del hogar. No te has criado en un matriarcado si a ti te dejaban irte de fiesta tranquilamente y a tu hermana no la dejaban salir sola a ningún lado aun siendo más mayor que tú. Y así muchos más ejemplos.

Por mucho que Nairobi lo intentara, por desgracia, la realidad es que el sistema actual es un patriarcado. Para que realmente te hubieras criado en un matriarcado deberías estar rodeadx de mujeres feministas, que educaran en feminismo, ajenas al sistema socioeconómico y fuera de los estereotipos de género tradicionales.

6. Las feministas quieren imponer su forma de pensar y de vivir a otras mujeres.

Las feministas no quieren imponer nada a ninguna mujer, al contrario. No hay un carnet de feminista, de hecho es un movimiento con miles de debates internos abiertos y cuestiones que se redefinen constantemente.

El feminismo no cuestiona los comportamientos de una mujer de manera independiente. Es decir, el feminismo no va a atacar a la mujer que se depila, que se maquilla, que usa tacones, que es ama de casa, que carga con los cuidados o que ha dejado de lado su carrera profesional fuera de casa para criar. El feminismo pretende explicar por qué dentro del rol social “ser mujer” existen ciertas necesidades o comportamientos que nos generan malestar, y cómo estos han sido impuestas y son una forma de sometimiento. Es decir, el feminismo simplemente busca el por qué de nuestros comportamientos diferenciales entre géneros, y te da las herramientas para que tú, como mujer, sientas la libertad de elegir si seguir ciertos mandatos de género impuestos socialmente (que no biológicamente) o no.

Yo soy feminista, y a veces me depilo y a veces no. Me siento bien poniéndome tacones o maquillándome de vez en cuando, pero no quiero sentirme obligada a hacerlo para ir a trabajar, por ejemplo. Aún no he decidido si quiero ser madre, pero no quiero que se me juzgue si deseo no serlo, o sentirme mal por pensar que si no lo soy voy a ser menos mujer o no voy a tener mi vida completa.

Lo único que plantea el feminismo es que no eres menos feminista por depilarte, ni menos femenina por no quererte poner tacones. Y tampoco dejas de ser mujer por no cumplir con todas y cada una de las características tradicionales de lo que significa ser mujer.

7. Mucho feminismo, pero cuando entran en las discotecas gratis, no se quejan.

No, sí que nos quejamos. Vale, quizás, cuando era adolescente, cuando no estaba tan metida en el feminismo, no era consciente de lo que implicaba no pagar en las discotecas, y sí, me aproveché de ello. Pido perdón desde aquí. Pero prometo que me he reformado.

El feminismo me enseñó, que si no pago al entrar, es porque hay algo de lo cual se beneficia la discoteca y por ello le compensa que yo no pague. Quizás, el beneficio que la discoteca saca es que el local esté lleno, que vayan más hombres suponiendo que son hormonas con patas cuyo único fin es ligar y gastar dinero en la entrada y en copas para ellos y para invitar a las mujeres que entran gratis. Es decir, nosotras somos un objeto, somos un reclamo, somos lo que se vende “Hombre, ven y disfruta de un local lleno de mujeres”. Resumiendo, que nosotras no paguemos y vosotros sí, es una expresión más del patriarcado. Y efectivamente, las feministas lo rechazamos. De hecho, cada vez hay menos sitios donde esto pasa y el feminismo se ha movilizado denunciando los locales que lo hacían.

Por poner algunos ejemplos:

8. Hembristas, feminazis, exageradas.

Sí, teóricamente, un sistema que sustentara la supremacía de la mujer y oprimiera al hombre simplemente por nacer con pene, se podría denominar hembrismo, pero realmente no existe ni está demostrado a nivel histórico y antropológico (según lo que yo sé) que haya existido una sociedad así. Por lo tanto, realmente el hembrismo es un término abstracto y teórico, pero no real. De hecho, cuando hay amigos que me dicen que a veces somos unas hembristas, les pido que me den ejemplos de situaciones en las que hayan sufrido hembrismo y no, no me saben dar ejemplos.

Por otro lado, aunque igual que ocurrió con el término feminismo, algunas nos hemos apropiado en situaciones del término feminazi, por supuesto, que no tenemos nada que ver con lo que pasó en la Segunda Guerra Mundial, como hace unos meses intentó hacer creer Hazte Oír con su autobús de Hitler.

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Por supuesto, creo que no hace falta decir que el feminismo tal y como se ha explicado arriba, no tiene nada que ver con el nazismo. No hay campos de concentración ni cámaras de gas llenas de hombres, ni queremos eso. No invadimos países queriendo gobernarlo todo, ni experimentamos con hombres.También me cuesta mucho entender, porque cuando le cuentas a alguien una agresión o violencia machista que hayas sufrido, te dice que eres una exagerada, de verdad que no lo entiendo. En vez de escucharte o apoyarte, te cuestiona, lo minimiza, ridiculiza o banaliza. De verdad que no lo entiendo. La próxima vez que llames exagerada a una mujer cuando te cuenta una discriminación que ha vivido por ser mujer, revísate como de buena es tu empatía.

Y el gran gran mito sobre el que quiero hablar, es el que yo denomino hacer un Bertín Osborne: “Sois unas exageradas, en España ya se ha conseguido la igualdad, tú feminazi, vete a luchar a otros países tercermundistas que ahí sí hace falta”. Realmente este gran mito es lo que había motivado escribir un post desmintiendo mitos sobre al feminismo, pero para el anti-bertin-osbornismo necesitaba hacer uno básico y de ahí continuar, así que para este… ya otro post.