MUJERES MIGRANTES. AGENTES DE CAMBIO Y FUENTES DE RESILENCIA.

La migración cambia con el tiempo. Se modifican el por qué, el cómo, el quién y el cuándo, cambian las rutas migratorias, las razones de migración, los países de los que sale la población y los países receptores… todo esto en base al contexto socioeconómico y cultural de las naciones y del mundo. Actualmente, la migración cada vez tiene más cara de mujer, esto quiere decir, que actualmente, casi la mitad de la población migrante son mujeres, cuando hace años era un porcentaje mínimo; las mujeres han pasado de representar un 2% en los 70-80 a un 49% hoy en día.

Anteriormente, las mujeres solían viajar como consecuencia de una primera migración de un hombre, bien la pareja, bien el padre u otro familiar. El motivo de esta migración era conseguir la reagrupación familiar. Sin embargo, ahora son ellas las que deciden emprender el camino con o sin familia referente. El hecho de que las mujeres estén cada vez más representadas entre la población migrante nos habla del cambio social que acontece en todo el mundo. Cada vez más, el rol femenino incluye una lucha en primera línea, lo que antes no era permitido, era más difícil de conseguir o se hacía desde la retaguardia. No estoy diciendo que antes hubiera mujeres que no luchaban o que no generaban cambio, sino mayoritariamente no estaban en primera línea de éste.

Eso ha cambiado, ahora son las mujeres las que buscan el cambio, lo fomentan, luchan por él y lo inician. Y esto repercute a la exploración de nuevas oportunidades a través de la migración, bien nacional bien internacional. Un mayor número de mujeres migrante nos habla de que ellas ya son agentes de su propio cambio, migran solas o migran como cabeza de familias monoparentales, o son ellas las que buscan una reagrupación posterior. Las familias cambian, las mujeres cambian, la migración cambia.

Sin embargo, aunque podamos hacer una lectura positiva de todo esto, también tenemos que poner sobre la mesa que en el caso de la mujer migrante la categoría género intersecciona con la categoría de persona migrante, creando una mayor vulnerabilidad y pudiendo actuar como factores de riesgo a determinadas situaciones. Esto se visibiliza tanto en las razones para salir de su zona natal, como en las características del camino, así como de las situaciones vividas en país final.

Muchas mujeres escapan de violencias machistas o las sufren durante el camino, o las encaran en el país de refugio. Huir de un país en el cual no se reconocen tus derechos como persona humana, donde sufres violencia de género por parte de tu pareja y el sistema legal no te ampara, donde por ser mujer tienes menos o ninguna oportunidad laboral, donde tu familia te obliga a casarte con alguien, donde tu cultura violenta tu cuerpo con la mutilación genital femenina… hace que muchas mujeres inicien un camino que no está exento de otros riesgos. Riesgos como agresiones sexuales y violaciones, secuestro, trata con fines de explotación sexual… entre muchos otros. Por ser mujer. Sin duda el fenómeno de la migración no está extenso del sistema patriarcal.

A pesar de todo esto, lo que yo destacaría en las mujeres migrantes es la gran fortaleza que traen de su historia vital. Aprendizajes de su país de origen y del camino que les hacen poseer una gran resilencia y ser un soporte familiar, con los familiares que quedan en el país de origen, y con los familiares con los que viajan. Es importante trabajar todas las situaciones de violencia machista o traumáticas que una mujer migrante se ha podido encontrar a lo largo de su vida y reforzar los mecanismos que eviten la revictimiación una vez están en la sociedad de acogida. Pero también es importante ver más allá de la vulnerabilidad, del paternalismo colonial y del paternalismo machista, porque poseen factores de protección y factores resilientes que hay que poner en valor.

Desde mi punto de vista, a pesar de la vulnerabilidad que supone ser migrante y mujer, o ser mujer migrante, este hecho también nos habla de empoderamiento femenino. Andar para modificar una situación en país de origen. Andar para encontrar posibilidades de crecimiento personal y profesional. Andar para erradicar violencias machistas. Andar para crear un nuevo proyecto de vida.