Educación basada en la interculturalidad para combatir el racismo y la xenofobia social

La diversidad es ya una parte inherente a nuestra sociedad y a nuestro mundo. Solo hay que mirar alrededor en las ciudades más grandes y en los pueblos más pequeños y perdidos en el mapa, para darnos cuenta de que está ahí. Diversidad en su más amplio espectro, y una de las variantes de la diversidad es la multiculturalidad producida por las migraciones humanas.

De esta diversidad y variedad surgen dos posibles respuestas de la sociedad de acogida. Por un lado, la interculturalidad, integración y aprovechamiento de todo el aprendizaje posible; por contra, el racismo y la xenofobia. Este dilema social cala en todos los aspectos de nuestra sociedad, y por supuesto, la escuela es uno de los tantos espacios sociales donde se puede percibir.

Hoy por hoy, en las aulas se mezclan las culturas, las características físicas, los idiomas, las nacionalidades y las religiones, y en definitiva los sentires y seres. Un espacio dónde se junta población autóctona con población migrante (nacional e internacional).

Más allá de poner el foco en el alumnado, en cuanto a los conflictos o los beneficios de lo que se vive en las aulas, serían interesante poner la atención en la escuela como entidad imprescindible en el proceso de la interculturalidad. Los y las menores cogen como referencia y reproducen los esquemas que ven y viven en su día a día. Por tanto, si crecen en una sociedad que en su mayoría es racista, o tienen alrededor referentes adultos con pensamientos y actitudes racistas, los van a integrar inconsciente y conscientemente como naturales, tal y como lo pudimos haber hecho nosotros en nuestra infancia. Creo plenamente en la actitud crítica de las nuevas generaciones, no solo creo, sino que las he visto y veo como día a día ponen en cuestión y desafían el status quo cuando no lo creen justo; solo quiero destacar la importancia de los referentes y el papel que juega el aprendizaje de estereotipos y prejuicios.

Como con muchos otros temas de actualidad, la clave está en la educación desde la infancia. Una educación en derechos humanos, igualdad, tolerancia y diversidad, que dinamite todos esos mitos basados en racismo y xenofobia. El entorno escolar proporciona un ambiente que propicia trabajar sobre esto. Por un lado, es un espacio de diversidad en sí mismo que fomenta la relación espontánea y el contacto directo para eliminar todos los prejuicios y estereotipos que afianzan actitudes perjudiciales para la convivencia. Y, por otro lado, permite trabajar con el futuro, es decir con los y las menores en edad de aprender y absorber como esponjas nuevos modelos de relación apartando miedos y odio a lo diferente.

La escuela, como entidad responsable de la educación, debe tomar conciencia de su importancia en este proceso. Para generar una sociedad sin racismo y xenofobia, tenemos que aprovechar la oportunidad de empezar desde la base e intervenir con las personas que están actualmente en edad escolar. Si fomentamos un modelo de escuela inclusivo y en diversidad a corto plazo, se potencia exponencialmente el cambio social a largo plazo hacia una población que acepte y busque la interculturalidad.

Nos encontramos ante un espacio de diálogo continuo, de conocimiento de nuevas culturas y nuevas formas de ver las situaciones, de enriquecimiento. Un lugar dónde se pueden afrontar los conflictos del aula desde una visión integral, identificar aquellos que se deban a cuestiones racistas o xenófobas y actuar. No dejarlos pasar, no minimizarlos y ponerlos en valor. Condenar ataques y generar un cambio social positivo. Además de fomentar un aprendizaje conjunto y bidireccional entre todo el alumnado; por ejemplo, conozco institutos que, en sus asambleas feministas, han incluido un espacio para compañeras musulmanas que hablan y enseñan a otras sobre feminismo islámico.

Más allá de actividades extraescolares o de eventos concretos o talleres y formaciones específicas. El racismo y la xenofobia deben de ser tratados de forma integral y directa, siendo incluidos en las aulas. Englobando una educación en derechos, actividades de cooperación, fomentando la cohesión grupal, desmentiendo los mitos relacionados con la inmigración y poner en valor los beneficios de la interculturalidad.

¿Cuántas veces hemos escuchado que la infancia es el futuro? ¿Cuántas veces hemos hablado de los centros educativos como gestores del cambio social? ¿Cuántas veces hemos reflexionado sobre el impacto preventivo de una educación más inclusiva, más tolerante, en diversidad frente al racismo y la xenofobia? Dejemos de decirlo y pensarlo, y empecemos a hacerlo. No hablo de responsabilizar al profesorado única y exclusivamente de este cambio, solo hablo de tomar conciencia de las oportunidades que se abren y aprovecharlas. Hagamos las aulas no solo interculturales en apariencia o en una foto, hagámoslas interculturales en pensamientos, creencias y sentires. La educación es motor de cualquier cambio real y la escuela puede acompañar las necesidades de una sociedad diversa, amplia y rica.